con el mudo rumor del arroyo,
alejas de ti cada quebranto,
y así te quedas con el jolgorio.
Portas contigo un rayo timbrado,
crótalos, bongos, un tintineo,
cuyo compás das bien afinado,
cuyo tic-tac produce gorjeos.
No siempre aciertas, nadie te entiende,
cuando improvisas entre cipreses,
y hasta las cumbres tu voz asciende.
Mas no decaigas, sé consecuente,
que tus trinos con otros se mezclen,
que no por eso son menos fuertes.
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Tángara roja |
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