Mostrando entradas con la etiqueta Barcelona. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Barcelona. Mostrar todas las entradas

miércoles, 23 de agosto de 2017

Para encontrarme contigo / El acertijo

El gris que adorna las casas
es el mismo que camino,
atravesando La Rambla
para encontrarme contigo,

ahora que besas mi playa,
ahora que llego al destino,
que tu viento me marcaba,
Mediterráneo, mi amigo.

Desde mi niñez cantabas,
susurrándome al oído,
el secreto que ocultabas.

Marcabas un rumbo fijo,
para descubrir tu magia
me hacía falta un acertijo.


El acertijo

En Canaletas primero,
por entre flores después,
escondida en los tinteros
y también en los 'plumiers'.

Callejas y mentideros,
en que te ocultas también,
palmeras y merenderos,
adoquines y "moblés".

Todos componen la esencia
con que te dejas querer,
aroma de magia y fiesta.

Aunque no llegué a nacer
en esta vetusta tierra,
mis pies a ti han de volver.


Tramo de La Rambla de Barcelona

domingo, 23 de abril de 2017

La ciudad de los prodigios

Presuroso se apaga un cigarro,
la garganta que empieza a quemar,
por la obra del vino barato,
por la gracia del negro alquitrán.

Los manteles cubiertos de barro,
algún vidrio jede a pacharán,
sinfonías de risa y piano,
melodías en 'Els Quatre Gats'.

Solo, un hombre, sentado, observando
la ciudad que aspira a conquistar,
la ventana su vaho va nublando,
su mirada, muy lejos de allá-

Sabrá Dios qué es lo que está tramando,
qué le trajo hasta esta catedral;
tal vez sólo se halla esperando
al secuaz con que cumplir su plan.

Del ensueño ya va retornando,
La Vanguardia vuelve a hojear.
El veneno guarda a buen recaudo,
aguardando estocadas que dar.

Asegura quien le va rondando,
como Onofre es que se hace llamar;
pisó tierra como provinciano,
mas llegó sólo para reinar.

Foto del restaurante 'Els Quatre Gats', que está hoy como entonces.
Fuente: http://m.cdn.blog.hu/ca/catalunya/image/q/el4gats04.jpg 

sábado, 26 de marzo de 2016

Ensueño barcelonés

La ciudad de Barcelona vista desde el palacio del Montjuïc


Nunca una sola palabra
que expresara lo que siento
por estos dinteles viejos,
con chaflanes y 'esteladas'.

No arrancaste en mi garganta
canción alguna ni versos,
hasta pisar los espejos
de la lluvia entre tus plazas.

Barcino, no despertabas 
ni el erizar de mi vello, 
ni la razón de mi sueño,
por más que yo te admirara.

Tuvo que ser la mirada,
amarga del desconsuelo,
que espabilara en mi pecho,
al reloj que dormitaba.

Y que este reloj marcara 
el gesto de dos luceros
te permitió devolverlos 
a tus noches estrelladas.

Tus noches, que iluminara
de nuevo los sentimientos
de un espíritu maltrecho,
víctima de la mañana.

Ahora sobran las palabras,
las sonrisas, los recuerdos, 
los guiños y los momentos 
con que ponerte adornada.

No olvidaré la semana
que recuperé de nuevo,
la alegría y el deseo,
impulsado por tu magia.