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viernes, 5 de junio de 2020

En el aniversario del poeta

En tu quieta mañana
dulzura infantil te cubría, 
jugando por Granada 
oculto entre celosías.

En tu mocedad, libre,
bordando hermosas banderas,
que ni la virtud fingen,
ni tapan las calaveras,

cruzaste allende los mares
portando liviano equipaje,
conociendo las veleidades
que hacen al hombre salvaje.

Y viendo que la bondad
no reside en lo mundano, 
convertiste a la deidad
el arte de los gitanos.

Que no por bueno ni malo
merece más que ninguno,
mas nos resulta cercano
por el pasado moruno.

Y así te vino el amor
en un terreno tan yermo, 
que despreciaba el calor
y aún adora los cuernos.

De súbito alcanzó tu hora,
más temprana que cualquiera, 
sin descartar que en otrora
aun peor sobrevivieras.

Caíste sabiendo que en España
ningún oriundo es profeta, 
llegando a emplear la guadaña
con los ilustres poetas.

No te brindaron gloria alguna, 
sólo un mar de llantos callados,
no se olvidó de ti tu Luna,
triste, sin su polisón de nardos.

En mi garganta, vidrios clavados,
profundos al saber tu historia.
A nadie conviene olvidarlos, 
así se honra tu memoria.



Imagen cortesía de National Geographic

jueves, 23 de abril de 2020

En el peor año del mundo

Los corazones cautivos,
los pulmones asustados,
los collares oprimidos,
los nudillos desgastados.

En este ocaso florido,
los pies caminan despacio,
se prodigan los olvidos
y se adoran los abrazos.

Sin embargo este castigo,
cuyo dolor es profundo,
sólo ha hecho por unirnos.

Me regaló estar contigo,
el peor año del mundo,
y la sonrisa de un niño.



Secuencia final de la película Tiempos Modernos 
(Modern Times, Charles Chaplin, 1936)
Por cortesía del canal de Petrodka en YouTube

jueves, 22 de marzo de 2018

Aguardando al barquero

Cuentan que hay quien echa en falta
por el Épiro a Caronte,
cuentan que su can le extraña,
que ni recuerda su bote.

Que partió rumbo hacia el alba,
hacia la orilla de halcones.
Cuentan que fue una mañana,
por mandato de los dioses.

Dicen que alcanzó la playa
que besa al pueblo arameo,
ahora preso de venganza.

Piden, por que ponga freno,
a semejante desgracia:
«Regresa pronto, barquero».


jueves, 15 de marzo de 2018

El niño de las estrellas

                                              Para Gabriel.


Brilló a la orilla del río,
con sus escamas de plata,
con su sonrisa de crío,
de perlas bien dibujada.

Llegar al mar siempre quiso,
aunque fuese entre cascadas,
por entre el fluvial camino,
que a las olas lo llevara.

Por febrero sobrevino,
sin avisar, la tormenta,
y de un solo remolino,
de él se tomó buena cuenta.

Nadie le había prevenido
que la locura anda suelta,
y ni siquiera los niños
pueden ganarle las vueltas.

No hay quien consiga, repito,
deslucir risa tan bella,
porque a pesar de los gritos,
tu ternura será eterna.

Ahora nada el pececito
bañado en un mar de estrellas,
al que llegó tempranito
fruto del odio en la tierra.






miércoles, 29 de marzo de 2017

El llanto de Medea

Riela en el espejo
de la luna cobriza,
el trémulo reflejo
de mi amada nodriza.

Igual tiembla el recuerdo
de aquel, Jasón, que un día,
de la muerte al encuentro
sin saberlo partía.

Desnudo el tibio pecho
contra mi faz yacía
el amor sobre mi lecho;

una cama vacía,
un corazón deshecho,
sólo eso quedaría.


Una Medea de hoy, de corazón desdibujado,
como el de ella...


miércoles, 8 de marzo de 2017

Números

Desde el origen del mundo,
para llevar bien las cuentas
y controlarnos segundo a segundo,
mas no por darnos respuestas,
presas del más absoluto temor
a perder la razón
y volverse chavetas,
los hombres echaron mano
del vicio malsano
de cifrar sin letras.
Desde temprano olvidaron
que lo más humano
no cabe en productos,
cocientes, ni restas.
Entraron así en acción
los números, la operación,
la estadística y las reglas.
Numerado el autobús
que me lleva hasta tu puerta.
Números que premios son,
desde el Gordo a la pedrea.
Premio como el de aquel padre,
sin dinero de por medio,
pero gracias a una madre
consiguió tocar el cielo.
No hacían falta papeletas
para así obrar un milagro;
tampoco se echaron cuentas,
tan sólo para esperarlo.
Un milagro en forma de mujer,
aunque de pequeña escala,
un tesorito al que proteger
antes que se lo robaran.
Pero el azar de la vida,
un boleto caprichoso,
que al ganarlo se le iba
lo que le hizo más dichoso.
Qué dolor tendrá ese hombre
visto por fuerza a llorar.
Por culpa de otro indigno de tal nombre
llevó a su niña a enterrar.
Aquél resultó tan pobre
que la hizo su propiedad.
Sólo que como él hay muchos,
y muchos más que vendrán;
y mientras, nosotros mudos,
que con nosotros no va.
Estamos acostumbrados,
que cada día son más,
pues sólo son unos datos
que contar y que archivar.
Ya nos hemos olvidado
la vergüenza una vez más,
cada número anotado,
esconde un nombre detrás.
Y cada nombre una vida,
y con ella muchas más,
que son las que compartían
su familia y su amistad.
Ellos son los que no olvidan,
su niña no volverá.
Sigamos oyendo cifras,
sigamos sin escuchar.
Lo que se restan son vidas,
con cada muerta de más.
La humanidad está perdida,
mas lo que cuenta es sumar.

sábado, 23 de abril de 2016

Desde el Barrio de las Letras

Cruce de la Calle Moratín con la Calle Santa María, donde nació este poema.

En banqueta de madera,
por la ventana contemplo,
regado de una cerveza,
lo efímero de mi tiempo.

Escribo, cual Lope hiciera,
con su vecino Quevedo,
una mañana cualquiera,
en una ciudad de cuento.

Ciudad que un día acogiera
a Calderón en su seno,
Góngora y otros poetas
procedentes del destierro.

Villa innoble, siempre vieja,
donde anida el descontento
de provincianos ascetas,
de hidalgos sin escudero.

Han paseado tus callejas
por miles los caballeros,
que de día son profetas
y de noche son rateros.

No veo tanta diferencia,
entre los días aquellos,
que había que tragar arena,
y la mierda de los nuestros.

Cervantes nos lo demuestra,
en su "Biblia de Consejos",
que lejos de hallarse muerta,
no cesa de dar ejemplo.

Vecino fue de esta tierra,
tan amante de sus muertos,
que en la vida los entierra
para vivir de recuerdos.

Sólo y en esta taberna,
se me ocurren estos versos,
en una tarde cualquiera;
una tarde de estos tiempos.

miércoles, 30 de diciembre de 2015

Mi árbol

Piruetas marrones van poblando el cielo,
en saltos mortales que, desde las copas
van precipitándose a inundar el suelo.

Marcan los segundos, minutos, las horas,
gorriones huidizos van alzando el vuelo,
parten rumbo al Sur como exige su historia.


Historia que seca y rugosa en mi boca,
amarga y caliente salpica gargantas,
futuro recuerdo que en el pecho evoca
memoria que sólo el estómago aguanta.

Para cuando el frío en desnudez se troca,
será sólo el blanco el que luzca la estampa
de joviales sueños que el viento provoca,
luego al cobijarnos con florales mantas.

domingo, 4 de octubre de 2015

La canción de los amores imposibles



Tenía que poner toda mi atención
en esa luz de labios esculpidos,
que recorren mi piel en espejismos
sobreviviendo gracias a la ilusión.

Engaños que resultan ser lo mismo
que me condujo a escribir esta canción,
harto de que me dieran la razón
por convencerme cual si fuera un niño.

Que tu mirada sólo pertenece
a aquel que apresurada tú designas,
a aquel con que el amor se empequeñece.

Por mucho que acertado tú lo estimas,
nunca sabrás que, clandestinamente,
un verdadero hombre hay que te admira.


lunes, 21 de septiembre de 2015

Otoño en el corazón

Imagen de Karina Diarte


Un gesto amargo que el viento mece,
un corazón perenne de otoño,
una sonrisa que no florece,
hojas caducas visten mi rostro.

Savia en cicuta que se convierte,
pura desdicha nutre los poros,
en el silencio que más escuece,
sirve de abono para los lloros.

La primavera fue un espejismo,
un desengaño, una mentira,
una careta, más de lo mismo.

Y sin embargo, mi alma respira,
no desespera, por si consigo,
otra flor que me pueble de vida.

lunes, 3 de agosto de 2015

La sed

Nublan mis ojos ahora
los fantasmas de la duda,
con sus mantos de penumbra,
nada veo más que sombra.

La desdicha y la deshonra,
en mi espalda se acumulan,
mientras la envidia disfruta
del alma que se desconcha.

El vino añejo y la hiel
apresando mi garganta,
alimentando la sed,

la sed que ni un hombre aguanta:
la sed del atardecer
que el corazón atraganta.

viernes, 22 de mayo de 2015

Lucha a muerte con la vida

Saliste a volar, como cada mañana,
a buscarte la sal, el agua y la harina;
de vuelta el azar, oculto aguardaba,
injusto final en la eterna partida.

Volviste a cantar, copando cada rama,
anunciándote el mar, alzando la vista,
el marchito azahar tu sino mostraba;
acaba el trinar porque azota la brisa.

Una rata, o un felino tal vez,
a juicio del sol, vale cualquiera:
frío, hambre, o ausencia de querer.

El caso es, que quedaste en la acera.
Tu estampa dice que fue al defender
un último vuelo en primavera.

lunes, 4 de mayo de 2015

Soledad tercera

Se rompió la noche esperando,
las fragancias de la amapola,
y que la sonrisa en el rostro
se iluminara por sí sola.

Se rasgó una nube en el cielo,
soplando trigales y ceras,
haciendo un favor a Morfeo,
como una velada cualquiera.

Se ha roto una lágrima, seca
por remontar una colina
deshecha entre los barrizales
que atenazan a mis mejillas.

Se ha rasgado entre los párpados
la torpe pluma que camina
por entre escritos presurosos,
que en alabarte nunca atinan.

Se romperá el postrero día,
a hurtadillas y de puntillas,
confundiendo como confunde
tus sueños con mis pesadillas.

Habrá de rasgarse en mi pecho,
el último de los suspiros,
poniendo fin a cada cuento,
procurando obviar al olvido.

miércoles, 15 de abril de 2015

Distantes

http://img.comoconquistarlo.com.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2012/10/amor-distancia2.jpg

Cada latido en tu corazón
es un suspiro en mis labios,
cada segundo de desazón,
es un instante que extraño

tus pupilas descontroladas
que van creciendo conmigo,
mis sonrisas afortunadas
que suponían tu abrigo.

Añoro ese viento que agitas
sobre el trigal de mi espalda,
cuando tus besos solicitan
hogueras guardando calma.

Qué lejos queda de mi boca
el almíbar de tu vientre,
maldito olvido que provoca
nubarrones en la frente.

Maldita distancia de hierro
que de tus besos me aparta
alimentando a puro hielo
cada rincón de mi alma.

martes, 3 de febrero de 2015

Me olvidaste

Juraste guardar lo más bello del mundo,
regando mis noches con nanas de luna,
tejiendo cabellos con dedos de pluma,
moviendo rescoldos a cada segundo.

Firmaste con votos sellar tu destino
con el de este siervo, humilde y tunante,
payaso y mezquino cual loro parlante,
que sólo calló al ver tu rostro divino.

Y ahora que la Luna te nutre el cabello,
que desbordan ríos por entre tus manos,
me recuerdas sólo en fugaces destellos.

Último castigo el que nos ha tocado
para que la muerte imponiendo su sello,
ponga fin al pacto de amor que juramos.

 

viernes, 19 de diciembre de 2014

Olvido a la palabra

Si de mi voz mana un lamento,
como onda expandida en tu río,
como claro entre tus nubes,
no me culpes,
que el canto mío
no es otro que el canto nuestro.

Si es que no nos aclara el viento
esta mañana neblinosa
que nos cala hasta los huesos,
seamos presos,
que indecorosa
es la forma en que hemos muerto.

Si como lobos en manada
con dentelladas defendemos
orgullo y vileza propios,
sólo el odio,
ha que olvidemos
guardar la prole hermanada.

Si sable y pluma se nos brindan,
jamás cedemos el testigo,
luchamos por el primero,
con denuedo;
ya no hay amigos,
presas de un alma asesina.

La segunda, abandonada,
la derivamos en garrote,
supuesto culmen de hombría.
Yo diría:
pobres los hombres
tan huérfanos de palabras.

"El duelo a garrotazos", Francisco de Goya.

martes, 17 de junio de 2014

A eso que llaman hombre

Se inunda mi mirada en un rio seco,
mientras que mi garganta traga rocas,
que rasgan las paredes de mi boca
cuando oigo hablar de ajenos vientres huecos.

La luz se torna obscura en torno mío,
las cuencas se avergüenzan de mis ojos,
mis pómulos quizá lucieran rojos
si no me hallara aterido de frío.

Es triste suponer que soy un hombre
cuando desnudo y solo te descubres,
en medio de conducta tan innoble.

Vivimos abstraídos en las nubes,
siguiendo pautas que no tienen nombre,
porque la humanidad no nos incumbe.

viernes, 31 de enero de 2014

Soledad segunda

Desvelado y contemplando
el rielar de mi propia sombra
sobre la pared del cuarto,
el yerto cirio se desdobla

taciturno y dibujando
visiones que a oscuras te nombran;
el tic-tac se va cobrando
amargos minutos y horas.

El negro pesa en mis pupilas.
El papel yace siniestro
sobre el cedro de la mesilla.

Agrupo recuerdos nuestros
que las tinieblas iluminan
a pesar que no hayas vuelto.

jueves, 9 de enero de 2014

Soledad primera

Instalado en el negro
me derrumba tu ausencia,
por no ser cuanto sueño
ni gozar de tu esencia.

Que es tu risa el aliento
que le falta a mi fuerza,
mas también vil tormento
cada vez que se ausenta.

Nostalgia cubre mi boca,
plena de gritos callados,
colmados de letanías

que en mí el llanto provocan
por no verse apaciguados
de tanta melancolía.